Biografía de Léon Foucault, físico

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Léon Foucault


Léon Foucault

Léon Foucault

Biografía

Léon Foucault es uno de los 72 científicos cuyo nombre está inscrito en el primer piso de la Torre Eiffel. Es el décimo, en la cara girada hacia el sur.

Jean-Bernard-Léon Foucault, físico, nació en París el 18 de septiembre de 1819; Murió en el mismo pueblo el 11 de febrero de 1668. Penetrante, sutil, sagaz y distinguido, ha hecho muchos inventos, todos los cuales tienen un carácter muy notable de originalidad. Los instrumentos con los que ha creado los modelos han alcanzado refinamientos hasta ahora desconocidos y han hecho posible llegar a la medida de elementos que podrían llamarse infinitesimal.

Léon Foucault comenzó dedicándose a la microscopía médica. Luego se vinculó con Arago y el señor Fizeau. A partir de entonces, su camino fue trazado. Cuando murió prematuramente en exceso de trabajo de parto prolongado, apenas cuarenta y nueve años, era un oficial de la Legión de Honor y que pertenecía a la Academia de Ciencias de tres años. Entró en el Journal des Débats en 1845, y no dejó de escribir el drama científico de una pluma elegante y justa, una imagen de su delicada y equilibrada imaginación.

En el campo de la electricidad, el trabajo de este científico se centró en los reguladores, los dispositivos fotoeléctricos, el arco voltaico y la batería. Primero vinieron a corroborar empíricamente los hechos ya adquiridos con respecto a la transformación del calor en movimiento, y la producción calórica por movimiento. Foucault prevé un disco de cobre rojo cometido en parte dentro del intervalo entre dos piezas de hierro dulce, que puede recibir un sistema de engranajes accionados por una manivela, una rotación de ciento cincuenta a doscientos revoluciones por segundo. Mientras la corriente no esté excitada, la manivela tiene una resistencia baja; cuando la corriente fluye, la resistencia comienza aumenta de acuerdo a la velocidad impartida a la manivela, al mismo tiempo que el disco se calienta con una pila que consta de tres pares de Bunsen, en tres minutos puede elevar la temperatura de 10 grados hacia arriba A 60 grados centígrados y cansar al operario por resistencia. Este fenómeno se debe a las corrientes de inducción conocidas como corrientes de Foucault.

En el campo de la óptica, la mejora principal aportada por Léon Foucault a la teoría de los fenómenos consiste en la determinación experimental de la velocidad de la luz. El método que creó hizo posible comparar las velocidades de un rayo de luz en el aire, en el aire y en todos los medios transparentes. La óptica todavía le debe a Foucault importantes mejoras en la construcción de telescopios para hacer algunas observaciones más nocturnas.

En el campo de la mecánica, los descubrimientos de Léon Foucault son de primera clase. Es a él a quien debemos la revelación inesperada del movimiento continuo de rotación del plano de oscilación continua de un péndulo, que se utiliza para demostrar el movimiento de la rotación del globo terrestre. Este experimento, establecido en el Panteón de París, atrajo a la multitud alrededor del gigantesco aparato que había suspendido en la parte superior de la cúpula de la cúpula, de 83 metros de altura. Se informa en todos sus detalles en el Volumen I de las Actas de la Academia de Ciencias, 1S51.

Los trabajos científicos de Léon Foucault fue recogida por el cuidado de su madre y publicadas por el editor de Gauthier-Villars e hijo, con una biografía de Joseph Bertrand, secretario permanente de la Academia de Ciencias, una de cuarenta de la Academia francesa en julio de 1878. el retrato que damos se ha ejecutado en un dibujo de la naturaleza, en junio de 1867 unas pocas semanas antes del fatal cuando Léon Foucault fue golpeado por un ataque de apoplejía. Poco a poco, perdió el uso de sus piernas, sus manos, su lengua se aburrió y su vista se debilitó. En medio de este colapso fisiológico, su inteligencia se mantuvo intacta. El desafortunado gran erudito fue testigo de su lenta desaparición, sin hacer ilusiones sobre su espantoso estado. Su séquito observó con tristeza desesperada esta destrucción parcial y progresiva de un hombre de genio. León Foucault permaneció estoico, pronunciando solo a veces estas palabras terribles, indicando la desesperación de su ser interior. "¡Ay, ay!" O de nuevo, "Oh Dios, ¿qué te he hecho?" Y cuando expiró, superado por el cruel martirio, sus labios volvió a contraerse dejar salir esa palabra fatal, represalia Supremo de su sufrimiento físico y moral: "Ay".



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